Hay un truco extremadamente común en estudios de grabación que ha engañado a músicos, productores e ingenieros durante décadas. Un recurso tan simple que parece inofensivo… pero que puede arruinar una mezcla entera sin que te des cuenta.
En este artículo hablo de ese fenómeno, de por qué el volumen alto nos hace creer que todo suena mejor de lo que realmente suena y de cómo aprender a usarlo con criterio puede marcar la diferencia entre una mezcla sólida y una mezcla que solo funciona cuando está “a tope”.
Me llegan últimamente al mail muchas peticiones de ayuda de aficionados y de gente que empieza en pequeños estudios sobre las mezclas que hacen. Como siempre contesto, no de forma tan tajante: no tengo ni tiempo ni ganas de analizar mezclas. Además creo que una mezcla es algo tan personal que de nada serviría mi visión. Lo que si he observado en muchas de estas demos ha sido que da la sensación de que para que algo se escuche de forma clara el recurso que usa todo el mundo es subir el nivel de ese elemento, y ya que no puedo ayudar de forma personalizada, voy a hablar en esta entrada de un concepto que os puede ayudar bastante.
Se ha escrito ya mucho sobre la llamada guerra del volumen. Casi siempre ha sido desde un punto de vista técnico y abordando partes parciales del tema. Además sinceramente estoy un poco cansado de intentar explicar mi visión sobre este asunto a mis clientes, y para no tener que repetir una y otra vez el mismo discurso, me he propuesto escribir sobre ello en mi blog.