Hay un truco extremadamente común en estudios de grabación que ha engañado a músicos, productores e ingenieros durante décadas. Un recurso tan simple que parece inofensivo… pero que puede arruinar una mezcla entera sin que te des cuenta.
En este artículo hablo de ese fenómeno, de por qué el volumen alto nos hace creer que todo suena mejor de lo que realmente suena y de cómo aprender a usarlo con criterio puede marcar la diferencia entre una mezcla sólida y una mezcla que solo funciona cuando está “a tope”.
Después de la pequeña introducción a la ecualización y a los procesadores de dinámica, en la cual, muy a pesar nuestro, fue necesario soltar bastante “rollo” teórico, llegamos al punto en el que se hace necesario dar algunos consejos prácticos para poder sacar todo el rendimiento a lo explicado anteriormente. Espero que hicierais caso de lo dicho en ese artículo, y que llegados aquí tengáis claro el funcionamiento teórico tanto de ecualizadores como de puertas y compresores, y que hayáis tenido el detalle de hacer algunas pruebas sobre vuestras propias pistas para asentar bien los conocimientos teóricos. Si no es así, antes de seguir leyendo el artículo, os recomiendo que no volváis aquí hasta que no dominéis lo explicado allí.
En el artículo pasado analizamos los conceptos fundamentales relacionados con la mezcla. Vimos cómo podemos afrontar una mezcla desde el principio, algunos consejos sobre cómo hacer el proceso de mezcla menos traumática y cómo crear nuestra propia filosofía de mezcla. Ahora empezaremos a analizar los diferentes procesos técnicos implicados en una mezcla musical.
El rápido desarrollo de los sistemas de audio digital ha producido una “democratización” de la tecnología de producción de audio, la cual, hasta hace poco tiempo, estaba únicamente en manos de los profesionales del medio audiovisual. En la actualidad cualquier músico aficionado, con una pequeña inversión, puede permitirse el lujo de tener en casa un pequeño estudio de producción donde poder dar rienda suelta a sus “perversiones” musicales. Muchos de estos músicos se sienten impotentes ante la cantidad de conceptos técnicos con los que tienen que lidiar en la actualidad, y algunos de ellos llegan a invertir más tiempo en los aspectos técnicos de audio (mezcla, masterización, compresiones, ecualizaciones…) que en lo que realmente es importante (el tema musical en si).