Hay un truco extremadamente común en estudios de grabación que ha engañado a músicos, productores e ingenieros durante décadas. Un recurso tan simple que parece inofensivo… pero que puede arruinar una mezcla entera sin que te des cuenta.
En este artículo hablo de ese fenómeno, de por qué el volumen alto nos hace creer que todo suena mejor de lo que realmente suena y de cómo aprender a usarlo con criterio puede marcar la diferencia entre una mezcla sólida y una mezcla que solo funciona cuando está “a tope”.