Hay un truco extremadamente común en estudios de grabación que ha engañado a músicos, productores e ingenieros durante décadas. Un recurso tan simple que parece inofensivo… pero que puede arruinar una mezcla entera sin que te des cuenta.
En este artículo hablo de ese fenómeno, de por qué el volumen alto nos hace creer que todo suena mejor de lo que realmente suena y de cómo aprender a usarlo con criterio puede marcar la diferencia entre una mezcla sólida y una mezcla que solo funciona cuando está “a tope”.
Quienes saben de estas cosas aseguran que un buen artista es eterno; que su obra trasciende mucho más allá de su persona. Se nos ha ido Brian Wilson, y en muchos de nosotros ha dejado una huella imborrable: ya sea de forma directa, a través de su propia música, o de manera indirecta, por medio de los artistas que hicieron de ella una referencia esencial.
En los años que pasé en las aulas, una de las cosas que más me llamaban la atención era la ligereza con la que muchos de mis alumnos se tomaban algunos de los conceptos fundamentales en ingeniería de audio, incluso estando ya a punto de terminar la carrera. Esto, ahora que miro atrás y veo aquellos tiempos desde la comodidad que me da la distancia, ya no me saca de mis casillas. Incluso considero que se ha convertido en algo positivo, ya que ahora me abre muchos caminos para la escritura. En esta ocasión me centraré en aclarar dos de los conceptos más básicos, y, paradójicamente, más frecuentemente mal entendidos: qué significa analógico y qué significa digital.
Qué buena sesión de grabación de baterías tuvimos ayer de la mano del gran Brandon Torres . Pudimos disfrutar de una maravilla de tarola que no habíamos usado aun, una Mapex Black Panther Sledgehammer de 14″ x 6.5″ . Como muchos sabéis, grabamos samples de todas las baterías que pasan por nuestras manos. Así que para que la podáis disfrutar vosotros también os dejamos un enlace para la descarga de los samples que hemos hecho de esta maravillosa tarola. Os recomendamos que probéis los OH, es una auténtica maravilla cómo suena esta por ahí. Los archivos están en formato TCI para el Trigger de Slate.
Conferencia impartida por el ingeniero José A. Medina (Uniphonic) dentro del Segundo Encuentro Internacional de Especialistas de Audio.
Qué maja la gente de Eventide. Muy agradecido por considerarme en su página web como usuario destacado de sus productos y por las licencias que me han regalado, en especial la del H3000. Le tenía ganas a ese plugin.
Siempre he pensado que el sonido, como la música, es una conversación entre lo que sentimos y lo que podemos describir con precisión. Hay una frontera difusa entre intuición y teoría, y es ahí, justo en ese límite, donde muchas veces tropezamos sin darnos cuenta. En mis años frente a una mesa de mezcla, he visto cómo la experiencia sin fundamento teórico puede llevarnos lejos, pero también cómo el conocimiento —aunque aparentemente abstracto— nos da herramientas para acelerar procesos, entender decisiones y ganar control sobre aquello que muchas veces nos frustraba sin razón aparente.
Seguro que muchos de vosotros, a la hora de haceros con nuevos micrófonos para vuestro arsenal, sobre todo si estáis en este mundo del sonido simplemente porque sois aficionados, habréis pateado muchos hilos donde se habla sobre cuál micrófono es el mejor para según qué uso. Podréis haber comprobado que las opiniones son dispares. Cada uno, aunque a veces coincidimos, tiene sus micrófonos preferidos. No hablo solo de tipos de micrófonos, sino de modelos determinados con nombres y apellidos. Estas preferencias vienen dadas por la experiencia de haber probado muchos micrófonos en diferentes aplicaciones. Lo malo es que la mayoría de gente que no se dedica profesionalmente a este mundillo no tiene esa posibilidad y se sienten perdidos a la hora de saber qué micrófono comprar para cubrir ciertas necesidades.
En todo el tiempo que llevo dedicándome al mundo de los estudios de grabación me he encontrado con gente de toda clase. Gente abierta de mente y otra cerrada como la puerta de un convento de clausura. Pero si hay algo que he aprendido de este trabajo es el que no hay reglas. Mucha gente se echa las manos a la cabeza cuando te ven hacer según que cosa en un estudio, casi acusándote de hereje y lamentando que ya no quemen a gente en las plazas públicas. Se puede pensar que esto sucede sólo en cosas muy específicas, pero veréis que en esta entrada que hasta el orden de colocación de compresores y ecualizadores me hubiera costado la vida hace un puñado de siglos.
Me llegan últimamente al mail muchas peticiones de ayuda de aficionados y de gente que empieza en pequeños estudios sobre las mezclas que hacen. Como siempre contesto, no de forma tan tajante: no tengo ni tiempo ni ganas de analizar mezclas. Además creo que una mezcla es algo tan personal que de nada serviría mi visión. Lo que si he observado en muchas de estas demos ha sido que da la sensación de que para que algo se escuche de forma clara el recurso que usa todo el mundo es subir el nivel de ese elemento, y ya que no puedo ayudar de forma personalizada, voy a hablar en esta entrada de un concepto que os puede ayudar bastante.
Se ha escrito ya mucho sobre la llamada guerra del volumen. Casi siempre ha sido desde un punto de vista técnico y abordando partes parciales del tema. Además sinceramente estoy un poco cansado de intentar explicar mi visión sobre este asunto a mis clientes, y para no tener que repetir una y otra vez el mismo discurso, me he propuesto escribir sobre ello en mi blog.
Cada vez más y más músicos están dejando de tener en cuenta lo que significa y las implicaciones que tiene realizar una producción musical. Supongo que los que me conocéis en persona ya me habréis oído decir eso de que hoy en día un alto porcentaje de discos que se lanzan son tan solo “maquetas de larga duración”. El plasmar una obra musical en un soporte no solo significa llegar al estudio, grabar, mezclar, editar, masterizar y listo. Hay mucho más detrás de todo eso.
En esta entrada veremos que la producción musical se divide en diferentes fases, en qué consiste cada una y quién está implicado en cada paso.
La coloración hace referencia a los cambios de “ecualización” en las fuentes sonoras en una sala debido a las características acústicas de la misma. Por tanto, la coloración introduce un grado de alteración en el sonido natural de los instrumentos musicales en un estudio de grabación.
La coloración se debe a las resonancias de la sala, por medio de la actuación de las ondas estacionarias. Estas ondas estacionarias hacen que a unas determinadas frecuencias el nivel de presión sonora sea amplificado. En una sala de grabación los problemas de coloración deben ser eliminados.
En esta ocasión abordaremos unos de los elementos más difíciles de usar en una mezcla: el compresor. Hay que tener en cuenta que el compresor es un dispositivo que nos puede generar muchas satisfacciones, pero también muchos dolores de cabeza, y su correcto uso es en gran medida lo que define bien a un profesional. Cada persona tiene una filosofía propia a la hora de usar los compresores, aunque las cantidades de compresión y sus ajustes dependan en gran medida del tema musical con el que trabajemos.
En esta entrega intentaremos aprender a usar correctamente un compresor por medio del estudio de estos dispositivos, así como con algunos ejemplos prácticos. Además analizaremos las funciones de un compresor dentro de una mezcla y veremos qué tipos de compresores existen.
En la entrega anterior vimos cómo hay que aplicar cualquier ecualización sabiendo en todo momento qué es lo que queremos conseguir como resultado. Algo similar pasa a la hora de aplicar cualquier modificación en la dinámica de una señal. En esta ocasión veremos las distintas armas con las que contamos a la hora de modificar tanto las dinámicas de las pistas de forma individual como la dinámica de un conjunto de varias pistas, aparte de dar una guía de inicio que os pueda ayudar a hacer las configuraciones correctas en dichos procesadores. También analizaremos uno de los conceptos que ha creado y que sigue creando más controversia entre diferentes ingenieros de mezcla y que muchas veces provocan ciertos “roces” entre los ingenieros de mezcla y de mastering.
Después de la pequeña introducción a la ecualización y a los procesadores de dinámica, en la cual, muy a pesar nuestro, fue necesario soltar bastante “rollo” teórico, llegamos al punto en el que se hace necesario dar algunos consejos prácticos para poder sacar todo el rendimiento a lo explicado anteriormente. Espero que hicierais caso de lo dicho en ese artículo, y que llegados aquí tengáis claro el funcionamiento teórico tanto de ecualizadores como de puertas y compresores, y que hayáis tenido el detalle de hacer algunas pruebas sobre vuestras propias pistas para asentar bien los conocimientos teóricos. Si no es así, antes de seguir leyendo el artículo, os recomiendo que no volváis aquí hasta que no dominéis lo explicado allí.
En el artículo pasado analizamos los conceptos fundamentales relacionados con la mezcla. Vimos cómo podemos afrontar una mezcla desde el principio, algunos consejos sobre cómo hacer el proceso de mezcla menos traumática y cómo crear nuestra propia filosofía de mezcla. Ahora empezaremos a analizar los diferentes procesos técnicos implicados en una mezcla musical.
El rápido desarrollo de los sistemas de audio digital ha producido una “democratización” de la tecnología de producción de audio, la cual, hasta hace poco tiempo, estaba únicamente en manos de los profesionales del medio audiovisual. En la actualidad cualquier músico aficionado, con una pequeña inversión, puede permitirse el lujo de tener en casa un pequeño estudio de producción donde poder dar rienda suelta a sus “perversiones” musicales. Muchos de estos músicos se sienten impotentes ante la cantidad de conceptos técnicos con los que tienen que lidiar en la actualidad, y algunos de ellos llegan a invertir más tiempo en los aspectos técnicos de audio (mezcla, masterización, compresiones, ecualizaciones…) que en lo que realmente es importante (el tema musical en si).